
-No, hace frío
Cuando las palabras sobran las callo; cuando hacen falta las escribo.

Cumplir años siempre te hace pensar en ti misma. Hoy me dijeron 'te quedan siete días' como si fuese la crónica de una muerte anunciada. Y es extraño, porque para mi la edad no significa mucho. Las cosas importantes en la vida suelen no contarse salvo las primeras y las últimas veces. Se trata de la vida o la muerte, el resto siempre es un recuerdo de ellas. No me asustan los veintis, me asusta la gente que tiene las decisiones rotuladas por edad. Las metas no tienen fecha de vencimiento, nunca las han tenido(la inmadurez tampoco)...Hablamos de eternidad.IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo
Ligeramente y con ternura construimos lo indescriptible, un espejismo de aquello que amamos personificado en un otro certero y agradable. Tanto como para contarle tus alegrías, pero no lo suficiente para ser la razón de ellas. Historias, sueños, viajes sabidos. Ayuda, consejos vividos. Unidos por las cosas que alejan a la gente. Y sin embargo inquietos, curiosos por encontrar aquello que nos separe más allá de la distancia. Corriendo el riesgo de aburrirnos en el trayecto, de soltarnos las manos al leer en las palmas el temor a un futuro monótono, escribimos letras que cantamos cuando cerramos los ojos oyendo el latir de la guitarra y la danza de ese pecho parpadeante. Y es que el miedo sigue, lo que convoca también distancia, y así siempre. Lo del 'tira y afloja' es más que un dicho para ambos.


El viento haciendo sonar las hojas de los árboles, las calles tranquilas sin el ruido de la metrópoli, los viejos hablando en sus casas con las puertas abiertas, las estrellas visibles para cualquiera. Hoy la ciudad me pareció menos aburrida de lo normal. Redescubrirla es tan entretenido como conocerla. Pretendamos que nunca antes estuve acá. Hagamos que lo real deje lugar a la ficción.
Es tiempo de partir, o de llegar si se quiere. Es tiempo de dejar de extrañar y comenzar a hacerlo. Siempre tengo sentimientos encontrados. Hay días que pienso que si el mundo fuera como en la mitología clásica sería uno de esos personajes de libros condenados a extrañar . Sé que exagero (siempre) y sé también que echar de menos te enseña mucho sobre ti misma: tus recuerdos relatan los afectos importantes en tu vida y, entre imagen e imagen, vas aprendiendo a quienes quieres. Me encanta volver, pero para hacerlo siempre debo partir. Me encantan los reencuentros pero sin ausencias no podría tenerlos.



Solías decirme que querías ser como el viejo árbol. Ese que recuerda las tormentas de otros años, pero entiende que no siempre lloverá sobre él. Que sabe que cada día es distinto y una oportunidad para crecer y dar buenos frutos. Que sabe las flores no duran para siempre, pero en nuestra memoria pueden ser eternas. Que sabe que después de la lluvia el sol parece más bonito, aunque sea el mismo de siempre. Que sabe que, aunque algún día pueda sentir el fuerte frío del hielo y el peso de la nieve sobre sus ramas, siempre hallará un motivo para estar feliz.