
Gritó 'Silencio, ¿eres tú?', y mientras lo hacía el Silencio se esfumaba.
Cuando las palabras sobran las callo; cuando hacen falta las escribo.

El viento haciendo sonar las hojas de los árboles, las calles tranquilas sin el ruido de la metrópoli, los viejos hablando en sus casas con las puertas abiertas, las estrellas visibles para cualquiera. Hoy la ciudad me pareció menos aburrida de lo normal. Redescubrirla es tan entretenido como conocerla. Pretendamos que nunca antes estuve acá. Hagamos que lo real deje lugar a la ficción.
Es tiempo de partir, o de llegar si se quiere. Es tiempo de dejar de extrañar y comenzar a hacerlo. Siempre tengo sentimientos encontrados. Hay días que pienso que si el mundo fuera como en la mitología clásica sería uno de esos personajes de libros condenados a extrañar . Sé que exagero (siempre) y sé también que echar de menos te enseña mucho sobre ti misma: tus recuerdos relatan los afectos importantes en tu vida y, entre imagen e imagen, vas aprendiendo a quienes quieres. Me encanta volver, pero para hacerlo siempre debo partir. Me encantan los reencuentros pero sin ausencias no podría tenerlos.



Solías decirme que querías ser como el viejo árbol. Ese que recuerda las tormentas de otros años, pero entiende que no siempre lloverá sobre él. Que sabe que cada día es distinto y una oportunidad para crecer y dar buenos frutos. Que sabe las flores no duran para siempre, pero en nuestra memoria pueden ser eternas. Que sabe que después de la lluvia el sol parece más bonito, aunque sea el mismo de siempre. Que sabe que, aunque algún día pueda sentir el fuerte frío del hielo y el peso de la nieve sobre sus ramas, siempre hallará un motivo para estar feliz.